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La esperanza es un sentimiento que nos mantiene de pie cuando todo parece estar  derrumbándose a nuestros alrededores. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde,  pero ¿qué pasa cuando la desilusión toca a tu puerta? Ese sentimiento que derrumba  completamente tus ilusiones, tu esperanza de que algo mejor está por venir, al saber que algo o alguien no es como esperabas…  ese momento en que la realidad te pesa. 

La desilusión ante la situación del país es lo que ha llevado a que muchos hondureños decidan  emprender una travesía hacia el norte. Una ruta que es de alrededor de 4,000 km de distancia  entre la desilusión y una nueva gota de esperanza para sus futuros. Entre las motivaciones  principales por las cuales emigran están la pobreza, la violencia y la falta de empleo, con una  exacerbación debido a los huracanes Eta e Iota y el COVID- 19 que azotaron a nuestro país en el  2020. Existen diversas historias del por qué estos hondureños toman esa decisión que a mi conocimiento e imaginación se quedan cortos; sin embargo, persiste una frase en sus discursos:  “me voy en busca de algo mejor”. En este escenario, y bajo estas condiciones, no existen muros  ni obstáculos suficientemente altos e imposibles para lograr su objetivo. 

Recuerdo cuando estaba en la escuela y el 30 de septiembre de cada año, en la clausura del mes  patrio, cantábamos la canción de Polache titulada “Mira a Honduras”. Existe un verso en  específico que resuena en el fondo de mi cabeza: “mira a Honduras con otros ojos que esta es  tu tierra, descubrí que al mirarla con otros ojos vas a merecerla”. Resulta que este verso siempre  me ponía la piel chinita, porque con lo poco que sabía de la situación del país a tan corta edad,  tenía una cosa por seguro: si nosotros no creemos en nuestro país, ¿quién lo hará? Pero, ¿cómo  le dices esto a tu hermano hondureño que no tiene que comer? ¿Cómo convencés al papá  desesperado y frustrado al no encontrar un trabajo para llevar sustento a su casa? ¿Cómo le  dices al hondureño que no emigre cuando aquí no encuentra las oportunidades que busca? 

No, el privilegio de estar fuera de esa mitad de la población que vive en condiciones de pobreza  no nubla la vista de los jóvenes. Esa mitad que no tiene que sobrevivir con un dólar, en promedio,  al día. No obstante, somos la generación de los niños que nacieron durante el huracán Mitch,  de aquellos que presenciaron un Golpe de Estado, aquellos que contemplaron una reelección  inconstitucional y diversos robos durante una crisis sanitaria mundial. Somos esa generación  que observa cómo los hondureños se juegan la vida en caravanas migrantes. Todos estos  eventos, en nuestros pocos años de vida, nos han obligado a cambiar nuestra percepción social; llevándonos a abrir los ojos y alzar la voz ante las injusticias. A pesar de todo, algo me ha quedado  muy claro en los últimos meses: como jóvenes debemos mantener viva la llama de la ilusión,  empezando desde el presente, y aventándonos al futuro de Honduras con paso firme. Como  jóvenes debemos hacer este país habitable para todas y todos, sin importar la condición  económica o social de cada individuo. 

La migración debería ser un derecho, no un acto desesperado. Cada país debería tener las  condiciones de vida necesarias para su sociedad, para que quien quiera migrar lo haga porque  quiere, y no como último recurso para salvar su vida, dignidad o situación económica. Jóvenes:  tenemos mucho trabajo por hacer, porque Honduras da para más.


Nota: Las palabras contenidas en el presente artículo representan exclusivamente la opinión de la autora. El Milenio es una organización no partidaria y sin afiliación ideológica.

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Andrea Bustillo es una joven hondureña de 19 años apasionada por los temas sociales. Actualmente, reside en Ciudad de México y estudia la carrera de economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su objetivo es poder aplicar todos sus conocimientos para aportar un granito de arena al futuro de Honduras.

Andrea Bustillo
Andrea Bustillo

Andrea Bustillo es una joven hondureña de 19 años apasionada por los temas sociales. Actualmente, reside en Ciudad de México y estudia la carrera de economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su objetivo es poder aplicar todos sus conocimientos para aportar un granito de arena al futuro de Honduras.

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