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Desde saltarnos una fila a botar basura en la calle culminando en los grandes actos de corrupción en el gobierno, todos estos hechos son el resultado de una anomalía enorme en nuestra cultura, la cual ni nos percatamos que existe.

Esta pandemia nos ha vuelto sagaces con el tema de los fondos usados para desafiar la crisis. Mientras los hospitales colapsan por años de abandono y robo sistematizado, vemos como los cuerpos de muchos compatriotas se van apilando en cementerios que pronto no darán abasto, y que de seguir así pronto reviviremos la tétrica imagen que muchos vimos en la película “La lista de Schindler” en la que Amon Goeth tuvo que incinerar cientos de cuerpos porque eran demasiados para enterrar.

Muchos sabíamos que la pandemia nos iba a golpear fuerte y que desnudaría la ineptitud burocrática, sumándole también que daría oportunidad para más actos de corrupción como el de los hospitales móviles. Todo esto era de esperarse porque no es nada nuevo; llevamos décadas viviendo en un país el cual tiene institucionalizada la corrupción y que cada gobierno compite por ver quién roba más.

Siempre buscamos culpables; está en nuestra naturaleza y falsa moral apuntar el dedo a quien creemos es el culpable de toda la corrupción, cuando en realidad Honduras es corrupta desde que se fundó. Vivimos donde cada generación que prometió ser el cambio terminó siendo un fiel servidor de la corrupción, pero aun nadie se pregunta ¿a qué se debe tanta corruptela?

Nuestra hermosa cultura latinoamericana posee una anomalía la cual los argentinos definieron como “viveza criolla”. Este término engloba un sinfín de actitudes y acciones que todos cometemos, desde botar basura en la calle para que alguien más la recoja, saltarnos una fila, culpar a otros por nuestros errores, cobrar más por un servicio solo porque “se ve de dinero”, entre miles de otros ejemplos. Aquí la llamamos la “ley del más vivo”, una frase que demuestra que hicimos la viveza en ley, una ley que pasamos de generación en generación, cuando los padres inconscientemente inculcan a los hijos la viveza, y hasta usamos frases como “El vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo”, todo porque queremos conseguir una ventaja individual al corto plazo sin pensar en el daño que le provocamos a las demás personas a largo plazo.

Muchos que leerán este artículo dirán “Sí pero yo no soy así”, porque tenemos un sentimiento de falsa moralidad que nos evita aceptar que hicimos una viveza. La cuestión es que muchas personas convirtieron la viveza en una filosofía de vida y un comportamiento cultural que lo han llevado hasta el seno de las instituciones gubernamentales, porque cuando el ciudadano llega al gobierno lo primero que busca es cómo sacarle provecho con frases como “Si no robo yo otro lo hará”. Por algo vemos todos los días a miembros del partido Libre, Nacional y Liberal criticando o acusando al contrario para lograr simpatía popular y así conseguir cuota de poder, de la cual pueden sacar altos beneficios.¿Qué pensaban? ¿Que la oposición busca el bien común? ¡No! Ellos buscan los mismos beneficios que tiene el partido de turno, que es jalar agua a su molino… en fin, viveza criolla.

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Alberto André Trochez es un joven de 25 años, próximo a graduarse de la licenciatura en finanzas de UNITEC. Fue presidente de sociedad de debates en el 2015 y también formó parte de la representación Hondureña en el XII Torneo Hispanoamericano de Debate. En su carrera se ha desempeñado como expositor en diferentes talleres.

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Alberto Andre Trochez
Alberto André Trochez es un joven de 25 años, próximo a graduarse de la licenciatura en finanzas de UNITEC. Fue presidente de sociedad de debates en el 2015 y también formó parte de la representación Hondureña en el XII Torneo Hispanoamericano de Debate. En su carrera se ha desempeñado como expositor en diferentes talleres.
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